Introducción al Dossier.

La frontera México-EE.UU.: Desplazamientos, contenciones, agencias, movilizaciones

Publicado originalmente en Revista Transas

Por: Mónica Szurmuk y Robert McKee Irwin

Foto: Fotograma de De l’autre côté (2002), de Chantal Akerman

Hace casi treinta años Gloria Anzaldúa describió a la frontera entre México y Estados Unidos como “una herida abierta donde el Tercer Mundo se frota (grinds) con el Primero y sangra.” En ese mismo texto, el fundamental Borderlands/la frontera, la militante chicana también codificó algunas imágenes esperanzadoras como la de los niños jugando al lado de la línea, una pelota rebotando de un mundo al otro. Este dossier toma ambas imágenes para pensar la frontera México-Estados Unidos como paradigmática de las violencias del enfrentamiento y también de la fluidez de los intercambios, el espacio de las tecnologías del control y de la vigilancia y también de los experimentos de convivencia. Estos temas tienen eco en otro texto emblemático de la misma época, Culturas híbridas. Estrategias para entrar y para salir de la modernidad de Néstor García Canclini, que se ocupa de los procesos de hibridación, desterritorialización y reterritorialización en la frontera EE. UU.-México, enfocándose en la ciudad fronteriza de Tijuana como “laboratorio de la posmodernidad”.

Los flujos mundiales y la dinámica de la frontera México-EE. UU. han cambiado muchísimo en las últimas décadas. En los ochenta y noventa, Tijuana y Ciudad Juárez eran los sitios casi obligatorios de paso para los migrantes indocumentados, la mayoría de ellos mexicanos. Ahora, casi la totalidad de los migrantes ya no cruzan por las ciudades de Tijuana o El Paso, sino por las zonas más remotas del desierto. Los flujos comerciales entre Estados Unidos y México han aumentado significativamente con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte que entró en vigencia a principios de 1995. Su implementación coincidió, paradójicamente, con un aumento en la inversión en la seguridad fronteriza de los Estados Unidos, comenzando en la segunda mitad de los noventa con Operation Gatekeeper en California y Operation Hold the Line en Texas, lo que ha militarizado radicalmente las líneas de cruce. Hoy mueren muchos más migrantes en el cruce por las nuevas rutas del desierto, o asesinados por narcotraficantes. La población que intenta el cruce ilegal también se ha diversificado. Llegan centroamericanos que huyen de la violencia de sus países de origen y también olas de cubanos que toman una ruta complicada que se inicia en  Ecuador. En los últimos meses, un flujo significativo de haitianos y africanos subsaharianos que proceden de Brasil, donde trabajaron en la construcción de edificios para los Juegos Olímpicos, ha solicitado (hasta ahora infructuosamente) asilo político a los Estados Unidos desde ciudades fronterizas mexicanas como Tijuana y Mexicali.

Las elecciones recientes de Estados Unidos tienen en alerta a las comunidades de inmigrantes y a todos los mexicanos y mexicano-americanos. La amenaza de la deportación en masa ha provocado muchísima ansiedad, sobre todo porque no es una idea nueva, sino que evoca brutales programas anteriores, en la década de 1930 y en 1954.

En este momento en que todo lo que significan las fronteras –exclusión, sistemas carcelarios, desplazamientos, marginalidad y desigualdad– domina los titulares de los diarios, queremos volver a esa frontera porque sigue siendo un punto desde el cual vislumbrar la cultura americana, partida en dos pero multiplicándose en lenguajes, prácticas y resistencias.

Nos guían en este dossier las siguientes preguntas: ¿qué tan comparables son las dinámicas fronterizas del contexto México-EE. UU. con los de otros sitios contemporáneos de tensiones migratorias y culturales (como el Mediterráneo y otras fronteras de lo que se está llamando la “Fortaleza Europa”)? ¿cómo se están discutiendo hoy las culturas fronterizas, las experiencias cotidianas de las borderlands, los saberes fronterizos y transfronterizos, y los borderscapes? ¿por qué en vez de “conciencia mestiza”, “culturas híbridas” y procesos de “des/reterritorialización” se habla más del “complejo industrial fronterizo”, la necropolítica e infrapolítica, los regímenes de deportación, y el control fronterizo como “guerra de baja intensidad”? Y, para volver al “pensamiento fronterizo” (el término es de Walter Mignolo) de Anzaldúa, ¿cuáles son las aproximaciones actuales a las “heridas abiertas” de la frontera México-EE. UU.?